Greenhouse

Greenhouse
Kamabai (Sierra Leona)

lunes, 18 de julio de 2011

El árbol

Llevo toda la vida en el mismo sitio. He visto crecer a los abuelos de tus abuelos y he conocido a cientos de amigos. He disfrutado de su compañía, reído con sus conversaciones y llorado con sus muertes. No hay nada más duro que tener 500 años y haber enterrado a la mayoría de la gente que te importa. Soy el único que queda de mi especie y después de tanto tiempo por primera vez me siento solo.
No sé exactamente donde estoy, pero desde aquí puedo observarlo todo. No envidio a los pájaros, puesto que puedo ver lo que ellos ven, no envidio a los de otra especie, ya que, soy el único que roza las nubes, pero sobre todo, no envidio a los humanos, puesto que yo, puedo sentir igual que ellos.
Siempre me habéis tratado bien. Os he visto protegeros bajo mis brazos, reflexionar bajo mis pies, incluso, he oído lo que pensáis y en quien pensáis. Mil veces os he aconsejado y otras tantas os he escuchado. He visto vuestro primer beso, vuestro primer desamor e incluso os he enterrado junto a mí. Cuantas veces hubiera, dado la vida entera, por compartir de nuevo todos estos momentos.
Nunca imaginé que llegaría un día como hoy, un día en el que por fin os olvidaríais de mí y no haría otra cosa que estorbaros. Me avisaron que un día llegaría: “no puede durar eternamente, y lo sabes”, me decían, pero pensé que al menos cumpliría el doble de la edad que tengo ahora. Es siempre difícil cuando el entorno no cambia al mismo ritmo que uno.
Recuerdo cuando tan solo erais una familia en la aldea. Siempre os acercabais a mí para que os protegiera con mi sombra mientras trabajabais. Después os ayudaba a conseguir alimento y siempre me correspondíais con dulces palabras. Recuerdo la primera vez que decorasteis mi cuerpo y escribisteis en él vuestros nombres,…
Poco a poco fuisteis creciendo y fueron llegando más generaciones a la aldea, pero yo, siempre estuve allí para recordaros de donde veníais y quienes erais. Vuestra agricultura nunca me pareció correcta, pero aun así resistí los incendios y año tras año he vuelto a producir vuestro alimento.
Entonces sucede lo inevitable y yo me tengo que ir del lugar donde he pasado toda la vida. ¿Y eso por qué? ¿No tengo derecho a morir en el lugar al que amo? ¿De verdad es tan importante ese camino de acero? No sé lo que tenéis que llevar desde las montañas, pero a lo lejos se ve mucho humo y eso nunca ha sido bueno. Ahora yo estoy en medio del camino. El espacio que antes ocupaba, ahora se ha vuelto indispensable para ellos y eso no me deja en buen lugar. Me pregunto cómo puede enderezarse un mundo en el que todos se han acostumbrado a vivir de manera torcida.
Estoy triste, porque ni podéis, ni queréis comprenderlo, me siento asustado porque ya no tendrá retorno, pero sobro todo me siento defraudado, porque siempre os he entregado mi vida. Espero que algún día luchéis por lo que es vuestro, que nadie compre vuestras tierras ni a vuestros representantes, que nadie hable por vosotros y os cierre la boca, que os planteéis las cosas y salgáis a la calle para reclamar lo que os pertenece, para decir ¡basta ya!, África sigue siendo nuestra.

No hay comentarios:

Publicar un comentario