El mundo gira y sigue girando y conforme van pasando los días te das cuenta de que todo sigue según su rumbo. Los días se acortan, las lluvias vuelven y de nuevo se alejan para dejar paso a días más largos. La cinta del reloj deja de ser en línea recta y empieza a girar sobre sí misma. Un nuevo año, otro y de nuevo nos encontramos en el mismo punto pero en un tiempo aún por llegar.
Todo se vuelve frágil, sosteniblemente frágil.
Tu estado de ánimo se limita a las pequeñas cosas que vas experimentando a lo largo del día. Lo bueno se hace increíble y lo malo se hace pesado, se acumula y te pesa. Lo bueno libera la carga, entonces ligero empiezas a correr de nuevo hasta que una piedra se cruza en tu camino y de nuevo caes al suelo.
La gente te advierte que todo aquí se multiplica. No te puedes imaginar hasta que punto.
Te despiertas un día con energía, hoy estas dispuesto a darlo todo. Después de tres horas con la pala y la carretilla te das cuenta de que has avanzado poco, pero al menos has avanzado. Día a día terminaré lo empezado. Estás contento, has trabajado bien y además sabes que por la tarde tienes algo importante que hacer.
Nos dirigimos hacia Kamahera. Una aldea en la que, por casualidad, encontramos una mujer que no podía andar. Después de varias semanas de curas y de limpiezas dolorosas, estamos de nuevo frente a ella. No sabemos si iba a ser su último día de cura, pero ya desde la puerta empezamos a ver que puede andar casi perfectamente. Me saluda efusivamente. Sé que dentro de ella algo lucha por darme un abrazo. Está contenta y se la ve. Tiene una cara risueña. Es guapa y muy luchadora. Su marido, al otro lado del poyete se tambalea con una jarra de pollo en su mano. El médico le quita la venda y todos podemos ver como ya no hay herida.
Un escalofrío recorre mi cuerpo. Ella lo nota, sabe que soy feliz viendo cómo se siente.
Nos despedimos de ella y nos dirigimos de nuevo a la misión. De repente Guille recuerda que en la aldea de camino a Kamahera hay una niña que junto con su madre, fueron a la consulta pidiendo ayuda. La niña presentaba una rotura con salida del hueso de su pierna izquierda. Dado la complicación de la situación, Guille y Carlos la dieron a la madre 40.000 leones para que fuera al hospital de Lunsar.
Queremos ver cómo está la niña. Cuando llegamos nos encontramos a la niña en la puerta con una venda mal hecha. Tiene peor la pierna. La madre ha preferido guardarse el dinero en vez de ir al hospital con su hija. Posiblemente la niña deje de andar. Posiblemente la madre no comprenda el riesgo que corre la vida de su hija. Explicamos a la madre que si no iba al hospital con la hija, es posible que se muera. Ella dice que no tiene dinero, que el que se la dio, ya se lo ha gastado. La amenazamos con llamar a la policía. A los dos días la madre regresa a la misión con la niña pidiendo más dinero. El precio del tratamiento es algo más caro que lo que al principio la dimos. Por supuesto se le da. La niña aun no sonríe
Pero sonreirá, porque a los dos días volvió a aparecer y solamente viendo su rostro de nuevo me entra otro escalofrío. Ahora sé que está bien.
Una de cal y otra de arena
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