Hombre pintoresco donde los haya. Curtido por el paso de los años y con un historial de trabajo envidiable. Así es Pa Bangura, uno de los últimos grandes maestros de Kamabai cuya calidad humana marca la diferencia entre lo bueno y a lo que todo el mundo quisiéramos aspirar en la vida.
Vive en lo alto del camino, en frente de la Misión, junto a un mango y la casa del sobrino del presidente. Le encanta salir a su porche y relajarse en él. Ver a las personas pasar y de vez en cuando saludarles efusivamente con la mano.
Posiblemente el otro día viviera una de las grandes experiencias de mi estancia en Sierra Leona. Algo tan sencillo como este hecho, como este acto, como este sueño, pueda significar uno de los momentos más auténticos y bellos de toda mi vida.
Me encontraba en el invernadero trabajando junto a Adama y Ali. Estábamos, como no, terminando de cambiar la tierra del invernadero. De repente una melosa canción empezó a salir desde lo más alto de la carretera hacia Kabala. Rápidamente volví la mirada hacia a Adama y la pregunté que sucedía. Ella solo sonrió y me invitó a salir junto a ella.
Desde el otro lado de la valla crecía, como una serpiente saliendo de su madriguera, una fila de chicos y chicas que provenían de la escuela primaria y secundaria. Vestidos con sus uniformes inmaculados y cantando con dulzura, se dirigían hacia la casa de Pa Bangura.
Pa Bangura hace pocos años se jubiló como profesor de la escuela primaria de Kamabai debido a una trombosis y a su edad. Como consecuencia de ello, cada año, los profesores de la escuela junto con sus respectivos alumnos dedican un día de comienzos del curso para rendirle un homenaje y hacerle una visita. Esto se hace desde hace varios años y cada año que pasa, Pa Bangura crece más como persona y como profesor.
Las canciones le dan las alas que necesita para moverse y las sonrisas de los niños la fuerza para levantarse un nuevo día y ver pasar las generaciones que año tras año él fue formando.
Un reconocimiento, una palmada en la espalada, un “bien hecho”, un “enhorabuena por tu trabajo” son cosas sencillas que pueden hacer sacarte una sonrisa, que pueden dar un sentido a tus actos y que sobre todo, puede cambiar tu vida. No es tan difícil valorar las cosas buenas que hacen los demás, es más sencillo de lo que parece, solo basta con: ver en vez de mirar, de sentir en vez de pasar, de ser en vez de estar y de querer en vez de dejar.
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